Algo que decir ...

Bienvenidos ... Ojala comenten y disfruten de lo poco y bueno que aquí les dejo, en su mayoría hay música Chilena que no se puede encontrar en muchas partes. Este Blog busca no solo el deleite que toda música causa aun en sus acordes mas dolorosos, sino el reencuentro con la tradición musical Chilena a través de este medio, un salvavidas a compositores y obras que no son difundidas ... Disfruten ;)

"Hay que implementar toda una política educacional artística que requiere de un cierto tiempo para que vaya dando sus frutos reales. Mientras tanto, hay que buscar conciliar aquello que pueda ser más atractivo para el público con cosas que son más nuevas"

Cirilo Vila

“Escribe como quieras, usa los ritmos que te salgan, prueba instrumentos diversos, siéntate en el piano, destruye la métrica, grita en vez de cantar, sopla la guitarra y tañe la corneta. Odia las matemáticas y ama los remolinos.
La creación es un pájaro sin plan de vuelo, que jamás volará en línea recta.”


Violeta Parra



jueves, 4 de mayo de 2017

Andrés Maupoint [2015]





El cuarteto de cuerdas fue compuesto por Andrés Maupoint en 1999. Su fuerte personalidad estilística se manifiesta en esta obra en forma bastante marcada. Los contrastes entre zonas de grandes lagunas sonoras, que buscan remansos tímbricos abstractos y muy novedosos con fuertes agitatos violentos y bárbaros crean en la atención del auditor estados de sorpresa y sobresalto.
El tratamiento de los cuatro instrumentos incursiona con desbordada imaginación en recursos tímbricos variados, sin caer en el sobreuso de ellos; me refiero a glissandi, armónicos, pizzicatos a la Bartok, dobles o triples cuerdas, etc.
Formalmente, en su primera parte, luego de un pasaje de sugerentes sonoridades de quintas justas en pianísimo, se puede reconocer una estructura que a partir de una célula AB va creciendo con nuevos agregados en cada repetición hasta completar una tirada de elementos sucesivos, los que si bien distintos, conforman una importante sección de la obra.
Este ciclo se repite con ciertas diferencias en una segunda parte par terminar en un importante final.
Esta es una obra de mucho detalle y donde queda de manifiesto la constante búsqueda del compositor de consolidar su estilo.

La música de cámara de Andrés Maupoint se caracteriza en general por un tratamiento exhaustivo de los instrumentos a los que imprime una vitalidad y energía que estimulan la búsqueda de células sonoras y efectos auditivos de excepcional atracción al oído del público culto. Además, su conocimiento profundo de la instrumentación suma a su favor un resultado novedoso, fresco y vigorosamente juvenil.
En Mikrofarben (Micro-colores) imaginación desbordante, reflejo de una profunda y bullente inquietud interior refuerzan el estilo del compositor, el que a estas alturas se hace cada vez más contrastante, pero siempre identificable. Da la impresión que "Mikrofarben" adolece de cierta dureza intrínseca y la violencia de ciertos pasajes se aleja de las zonas de paisajes sonoros lejanos y brumosos que hemos escuchado en sus obras anteriores. El tratamiento vocal exige un amplia imaginación improvisadora, en que los fuertes contrastes de las emisiones exigidas apoyan exitosamente la dispersión de macropartículas sonoras. Los "microcolores" están interesantemente representados por la exigencia extrema de los instrumentos, donde los sonidos llamados "multifónicos" de los instrumentos de viento junto con cuidadas combinaciones de armónicos en las cuerdas juegan un papel muy importante. En el caso de "Mikrofarben", el hilo estilístico o de influencia que lo ligaba con el romanticismo tardío y el post romanticismo se hace cada vez más tenue al al punto de llegar a ser casi invisible.
Los sorpresivos y drásticos cambios de tempi y de gestos refuerzan esta fragmentación en la obra y la llevan de sorpresa en sorpresa, en que la búsqueda sonora no interfiere con el equilibrio formal, constituyendo una estructura cerrada y bien definida, cuya audición se transforma en una enriquecedora aventura.

La extraordinaria pintura surrealista de Joan Miró, llamada "Le carnaval d´Arlequin" "inspiró" al compositor a crear esta obra musical, la cual transita jocosa a la vez que dramáticamente por los vericuetos absurdos y cómicos de la inagotable imaginación de Miró. André Bréton llamó a Miró como el más surrealista entre los surrealistas (donde Salvador Dalí era una estrella), corriente artística e intelectual la cual Maupoint asume e interpreta de manera profunda y convincente, creando atmósferas, situaciones y alternativas sugerentes y de impecable proyección artística.
Musicalmente, este carnaval, si bien básicamente distinto tanto en su génesis como en sus propósitos, es imposible no ligarlo de alguna manera al Pierrot Lunaire de Schoenberg, ya sea por el personaje mismo como por la instrumentación empleada. Salvando las distancias cronológicas y las diferencias estilísticas, ambas obras se apoyan en soportes sonoros bien definidos: el Pierrot en un texto y el Arlequín en una pintura. Sin dura Le Carnaval d'Arlequin representa para la música chilena una obra de un nivel superior.

La génesis del Concierto para piano y orquesta, con una enorme partitura, surge de conversaciones el compositor con el gran pianista Alfredo Pearl en el año 1977, decidiendo escribir un movimiento —el primero—, en 1999, el que luego lo agregó como final de la obra, para que fuese estrenada por su amigo pianista. Hubieron de pasar diez años para que Maupoint retomara el trabajo creativo y así completar en forma escalonada el primer y tercer movimiento, dentro de los cuales intercaló un scherzando de carácter muy enérgico y vital, con lo cual se enteran cuatro movimientos, los que se ejecutan sin interrupción. Evidentemente se trata de una obra mayor, de gran envergadura y muy ambiciosa. A primera vista, se presenta un mosaico de formas, sonoridades sorprendentes y novedosas, sorpresas armónicas y formales. Este cúmulo de sensaciones sonoras se suma en los tres primeros movimientos con una primera sección de métricas y dinámicas cambiantes y violentas, luego aparece un tema puntillista scherzante muy ágil y muy representativo de los diferentes instrumentos que de alguna forma dialogan entre ellos y el piano. En la tercera sección se producen reiterados contrastes de tiempos rápidos, lentos, con uso de armónicos, para finalmente tranquilizarse y posarse —como un barco a la deriva que encalla en una playa intocada— en un final de una calma envolvente, no exenta de la genuina belleza. Aquí los sonidos de la orquesta son utilizados e forma experta y de gran efecto artístico para producir un "estado sonoro" con solos instrumentales (violín y clarinete) de una indefinible sugerencia onírica. No se deja de evocar entre estos "vapores armónicos" un lejano Debussy, un sinestésico Scriabin y también el trascendente misticismo de Messiaen.
El concierto para piano y orquesta, con su duración de casi 40 minutos y su extrema dificultad técnica, se puede considerar como una de las grandes creaciones chilenas de los últimos años. 

Miguel Letelier Valdés 2016




1.- Streichquartett (1999)
2.- Mikrofarben (2006) para ensamble
3.-  Le carnaval d'arlequin (2015) para ensamble
4.- Konzert für Klavier und Orchester - Lebendig - Ruhig - Lebending (2012)
5.- Scherzando (2013)
6.- Lebendig und kräftig - Ruhig (2012)
7.- Sehr langsam (1999)









jueves, 1 de septiembre de 2016

Por septiembre...

Que el huaso baile y el imaginario selk'nam alumbre y oscurezca las artes con su sangre derramada y sus rituales, que el queltehue nos sobreviva y el kultrún resuene con la furia contra latifundistas quemados. Que el Aconcagua lleve sus aguas y la Patagonia sus vientos lustres.
La tradición es palabra vacía, dejada al conservatorio, a museos mediocres y viejas fachas. No usaré tal palabra porque las palabras sin peso son peones mal jugados de ajedrez, ni cultura es maltratar animales
La UDI quiere instaurar el día nacional del rodeo, ¿pero cómo no? Si los pinochetistas instauraron el patriotismo fascista con traje de china y robaron y masacraron lo popular, lo nacional para volverlo postal a paso de milico. Que se sepa mi desprecio irreductible hacia esas ratas de la violencia y el clasismo. Nada nuevo que agregar a los iconos post-transición.
El día del cantor a lo poeta y a lo divino sería ideal, pero la derecha jamás haría tal propuesta pues de sus músicas, no hay ninguna que salga del show mediocre sin inquietudes artísticas.
Teñir el guitarrón con el desasosiego del pueblo y sus alegrías. Celebrar en borrachera y jolgorio septiembre. Allá el gobierno con sus banderitas y discursos. A mi no me interesa la chilenidad si no es cultura, si no es vitalidad, incertidumbre de un largo país y su teluria de violencia y contradicciones.
Viva Chile, viva su tierra y mar, viva su gente. Viva en septiembre y viva en otoño, verano y durante el año. Que viva, y como tal, que muera.

José Balmes - Bandera chilena (1980)

martes, 9 de febrero de 2016

Mario Mora - Música + Partituras [NADA, NUD & SAX]

Nacido en 1967 en el sur de Chile, es profesor asistente en el área de Composición en la Facultad de Artes de la Universidad de Chile.

Ha tenido varios premios, incluyendo premios nacionales, becas y estancias en el extranjero. Su catálogo incluye tanto  música instrumental de corte tradicional como el área de la música electroacústica con elementos visuales y tecnológicos incorporados a la presentación en vivo, con un interés particular en el ámbito de tiempo real y la interactividad, y una tendencia hacia el cruce disciplinario entre aspectos visuales y sonor






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